Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de las Angustias

 

Año de Fundación: 1926

Sede Canónica: Santa Iglesia Concatedral de San Nicolás de Bari

 

Imágenes:

Santísimo Cristo de la Buena Muerte · Anónimo Siglo XVI

Nuestra Señora de las Angustias · Francisco Salzillo Siglo XVIII

 

Escudo:

Está conformado por su eje central por la Santa Cruz de Jerusalén. Como cuerpo central del escudo encontramos un Crismón, símbolo de las primeras comunidades Cristianas en representación de Cristo y el anagrama de María, en recuerdo a la titular mariana de la Hermandad.

 

Indumentaria:

Es tradicional de esta Hermandad portar túnica y antifaz  de color negro. Portan capa de color rojo, y el escudo de la cofradía sobre el antifaz. Completa el hábito calzado negro y la medalla de la corporación.

 

Historia:

Gracias al artículo publicado el 28 de marzo de 2002 en el Diario Información de Alicante, titulado 75 Aniversario del Cristo de la Buena Muerte, que fue escrito y firmado por Ana María García Mesa, viuda de M. Montesinos Gómiz, (quien fuera primer presidente-fundador de la Junta Mayor de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa alicantina), sabemos de la historia de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte antes de la República, pues las actas de las reuniones o se perdieron o se destruyeron.

 

La hermandad nació en la primavera de 1926 por iniciativa de un grupo de jóvenes que quería instaurar una Procesión de Silencio en la ciudad de Alicante.

 

Encabezados por Manuel Montesinos Gómiz, alférez de artillería en la reserva y estudiante de último curso de derecho, el médico Ramón Guillen Tato, Carlos Frías, funcionario del Ayuntamiento y Rafael Gosálvez, fueron a comunicarle al vicario de San Nicolás, Luis Campello su intención de sacar en procesión la talla popularmente conocida como Cristo de las sillas, ubicada al final del templo San Nicolás y que bajo su altar se recogían todas ellas.

 

El crucificado era originario del desamortizado convento que tuvieron los padres Dominicos en la calle Mayor (hoy Edificio Amérigo) y, desde que fue demolido a mediados del siglo XIX, la talla fue cuidada por los marqueses de Río-Florido, quienes le construyeron un altarcillo en San Nicolás. Estos jóvenes convencieron a más amigos, y contaron con la ayuda de sus familiares para poder hacer realidad su sueño.

 

El nombre de la hermandad fue idea de Anita García Mesa que era la prometida de Manuel Montesinos, pues aunque vivía en Alicante debido a los negocios que tenía su familia en la costa mediterránea, era malagueña y sentía gran devoción por el conocidísimo Cristo de la Buena Muerte de su tierra (Cristo de Mena).

 

La construcción del paso se llevó a cabo, principalmente, gracias a Balbina Gómiz, presidenta de la Real Archicofradía de la Virgen del Remedio, hija de Manuel Gómiz y una de las fortunas de la época que fue quién hizo posible que las congregaciones de monjas de Jesús-María y la de las madres Adoratrices se establecieran en Alicante y, junto con los Escrivá de Romaní, ayudó en la construcción de la primitiva parroquia de Benalúa y sus escuelas. El pintor alicantino Heliodoro Guillén Pedemonti hizo el diseño de los paneles labrados con escenas de la Pasión de Cristo.

 

Cuando salieron por primera vez, en 1927, sólo eran 11 para las 24 plazas que tenía el recién construido paso y los fundadores tuvieron que reunir dinero para pagar a cargadores de los que se arrendaban con ese fin y poder salir en procesión.

 

Hasta los años treinta, la joven hermandad salía el Jueves Santo, de San Nicolás, atravesando el barrio de Santa Cruz y, bajando la Rambla, hasta la plaza de Alfonso XII (hoy del ayuntamiento) y de allí, tras detenerse frente a la Casa Ansaldo -antepasados de los Gómiz-, atravesaba la torre del reloj del consistorio y subía por la calle Villavieja hasta Santa María. La noche del Viernes Santo salía de Santa María, acompañando a la Procesión del Santo Entierro y, a su término, volvía a San Nicolás en la madrugada del sábado.

 

El 3 de abril de 1931 durante el recorrido se vio interrumpida la procesión por tumultos que se produjeron, y en mayo se inició la quema de conventos.

 

La talla permaneció escondida durante la República y la Guerra Civil, tapiada al igual que el resto de imágenes de las capillas de San Nicolás.

 

Ya había sido quemado el colegio de los Maristas o el de los Salesianos, desaparecido el precioso retablo de la Virgen de los Ángeles, sito en la ermita del alicantino barrio de los Ángeles o un San Pedro firmado por el pintor José de Ribera que se encontraba en las Capuchinas.

 

Tras la guerra se reanudó el culto religioso en el territorio nacional y en la Semana Santa de 1940 volvió a salir el Cristo de la Buena Muerte en procesión, pero solamente los Jueves y junto con la Virgen de las Angustias, además estrenó nueva capilla obra del arquitecto provincial Juan Vidal Ramos.

 

Fueron elegidos hermanos mayores, José Tato desde 1927 hasta 1931, Francisco Alberola padre, tras la Guerra Civil y Luis Badías a partir de 1949.

 

Gracias a artículos publicados por Gonzalo Vidal Tur en Pasión y otros medios sabemos que Nuestra Señora de las Angustias tuvo su propia cofradía desde 1893, por acuerdo de Francisco Alberola Canterác, el presbítero Manuel Gálbis, el farmacéutico Martínez Pacheco, Rafael Pastor, Rafael Gandulla, y Juan Antonio Masanet. Como damas de la Virgen siempre figuraron señoritas de la familia Caturla. Salía en procesión, acompañando al Santo Entierro, el Viernes Santo, desde la basílica de Santa María. Durante la Guerra Civil permaneció escondida en la finca “Aliaga” que tenía la familia Caturla en el barrio de La Florida. Desde 1940 pasó a acompañar al Cristo de la Buena Muerte y fundiéndose ambas en una nueva hermandad y comenzaron a salir ambos pasos juntos el Jueves Santo. En los años ochenta estuvo a punto de no salir el paso de la Virgen pero, por iniciativa de los empleados del Banco de Alicante, se solucionó el problema, pues ellos se hicieron cargo de la mayor parte de los sitios del paso.

 

Aportación musical a la Semana Santa

  • Fanfarria  · Arreglo Anónimo
  • Plegaria al Cristo de la Buena Muerte · José Vicente Leal Clavel. Poemas musicados de José María Pemán dedicados al Cristo de la Buena Muerte en dos versiones: soprano lírica y órgano (oración) y coro y asamblea (plegaria). Compuesto en el año 2017. Se interpreta en los actos oficiales de la hermandad. 

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